Friday, January 10, 2014

Guerra mundial

Paz en el mundo.

Al menos paz entre los humanos, ¡el resto de los bichitos pueden morir en el infierno!.

Desde que tenemos conocimiento de que somos todos parte de una misma raza, es que estamos buscando otra especie lo suficientemente amenazante para unirnos y declararle la guerra. Hasta ahora los esfuerzos han sido infructuosos, con la terrible consecuencia de que nos seguimos haciendo la guerra entre nosotros.
Hemos apuntado nuestra mira hacia los leones, los tiburones, los osos hormigueros pero sin encontrar un némesis que aguante mas de un par de tiros de .22

Entonces nuestra mira se dirigió al espacio exterior. Desde que descubrimos que somos parte de un planeta y que allá afuera hay muchos otros planetas, y en última instancia muchas otras civilizaciones, es que estamos buscando un enemigo que una a todos los países del mundo, si claro está no para intercambiar conocimientos y pasarnos experiencias y contactos; los mejores científicos del mundo apuntan sus telescopios hacia el infinito y mas allá para encontrar extraterrestres a quienes hacerles la guerra, no nos engañemos.

Después de que se den las primeras formalidades del intercambio nos vamos a disponer a demarcar territorios y zonas de influencias sobre regiones intergalácticas, y de ahí a la formación de un ejército terrestre que pueda hacer frente a la “amenaza” alienígena. Inclusive si nuestra contraparte alienígena es tan pusilánime como el bicho de la película E.T. o tan dócil y simpático como M.A.C.; habría que declararle la guerra. No podemos, va con nuestro genio, es parte de nuestra humanidad podríamos decir, sino fíjense en todas las películas con alienígenas, cuantas hay que no traten de un intercambio “hóstil” de ideas e intereses ( a mí solo se me ocurrió una, no voy a decir cual), además con los mandarines del mundo encabezando la carrera intergaláctica está cuasi garantizado el intercambio armado de protones y rayos láser, no me cuesta mucho imaginar como sería el primer contacto entre un alienígena y un gringuito con sombrero de ala y todo el disfraz, con la mano sobre la pistola enfundada aún en su cinturón, listo para atravesarle la zabeca al maldito visitante de otro planeta, en el momento en que haga un movimiento amenazador.

O sí chicos y chicas la guerra con nuestro primer contacto extraterrestre está garantizada.

Pero nuevamente creo que hemos puesto la mira en el lugar equivocado y además es difícil decir cuanto tardaremos en encontrarlo, el enemigo mortal que estamos buscando tan desesperadamente para ponerle fin al flagelo de la guerra (entre los humanos, claro está), no está en el vacío e inhóspito espacio exterior, está literalmente justo en frente de nuestras narices, lidiamos con ellos o ellas (no estoy seguro), casi día a día y afecta a todos los países por igual, tanto a los Estados Unidos, como a Mozambique y a Italia, a Japón y a Bolivia, tanto a hombres pobres como a ricos, a petisos y mas bien altos, morenos y albinos; sí hombres, mujeres, travestis y transexuales del mundo, unámonos en contra de esta amenaza a la humanidad. Pongamos todos nuestros esfuerzos y nuestros recursos para eliminar de la faz de este, NUESTRO planeta tierra a este flagelo que ha atormentado al hombre desde el inicio de nuestros días hasta hoy, y que nuestros líderes no han sabido, o no han querido enfrentar, ¿por qué?, ¿por miedo? ¿o será por conveniencia? Ya no importa, no volvamos a hacer la guerra entre nosotros. Enfrentémonos de una buena vez a este némesis que parece indestructible y de unos reflejos sobrehumanos, además es inmune a las balas, rayos láser y según me confirman mis expertos es también inmune a la radiación; que nos ha hecho perder horas incontables de productividad y de gozo luchando contra él, y vaya uno a saber cuantas vidas se ha cobrado. Este ser que además de poseer una hostilidad inconmensurable y de moverse en hordas, vuela. Si damas y caballeros, ¡vuela!.

Entonces, ¿Qué estamos esperando? Unamos nuestros recursos, nuestras mentes y nuestros esfuerzos alrededor del globo y liquidemos de una buena vez a la común, corriente y molesta hasta el cansancio, mosca.


Comentario al pié: Esta revelación, la tuve  después de un día de trabajo al aire libre libre en el que me cansé de cachetearme la cara y de revolear los brazos al viento durante horas, intentando  mantener a este flagelo alejado. Sepan entender. 

Monday, November 4, 2013

Por la plata baila ...

Mierda. Ríos de mierda. Caca color marrón, verde, amarilla, líquida, pegajosa y maloliente solo como la mierda puede ser.
Cascadas y cascadas de orina caliente. El color ya lo conocen, podría decirles como huele y hasta el gusto pero vamos a omitirlos.
Y miles, y miles de tetas. De todos los colores y tamaños. Grandes, chicas, medianas, con forma de misil, aplastaditas; blanquitas, morenas, rosáceas. De todos los gustos y colores habidos y por haber.
Si, podría parecer una pesadilla, o una fantasía sexual escatológica de esas que no discutimos ni con amigos, ó ambas dos; pero no, es sólo mi trabajo.
Y sí, adivinaron estoy trabajando en un tambo. 



Wednesday, June 19, 2013

La rutina y otros flagelos de la modernidad

 Si alguien se siente identificado, yo no me hago cargo.

Hoy en día parecería que todos tendemos hacia un mismo camino, o apuntamos hacia una misma forma de desarrollo o crecimiento personal. Desde pequeños se nos inculca la estructura que debe tener nuestra vida:
Completar la escuela, seguir una carrera, conocer a una chica buena, trabajar en una empresa, hacer carrera, casarse, tener hijos, mantenerse en el trabajo, ser abuelo, y envejecer lo mejor posible hasta que la muerte nos alcance lo mas tarde posible.

Pero lo que no nos damos cuenta es que la vida está llena de imprevistos que seguramente alterarán nuestros planes rotundamente, o que los truncarán del todo. La vida está llena de “accidentes”, situaciones inesperadas y lamentablemente también de nuestra amiga que nos sigue a todos lados, la parca. No tenemos forma de saber de antemano cuando se va a terminar nuestra vida. Parecería que por eso mismo buscamos a toda costa movernos en ámbitos y situaciones donde el riesgo de perder la vida sea el mínimo posible, es decir donde la posibilidad de que suceda algún accidente sea lo mas cercana a 0, y evitamos involucrarnos en cualquier circunstancia que ponga en riesgo nuestra vida, es decir nos volvimos unos cobardes.

Es por esto que nos creamos estructuras mentales y cotidianas, que nos llevan a circular por la vida y por el mundo prácticamente sin sobresaltos. Esas estructuras son mejor conocidas como “rutinas”.

La rutina es una estructura mental que nos formamos para evitar encontrarnos con cosas nuevas, posiblemente malas o desagradables, o que simplemente nos dan miedo. La rutina se ve en todo, desde lo que hacemos en el día a día, los lugares donde vacacionamos, los amigos que frecuentamos, las cosas que hacemos y como las hacemos. Cuando vivimos una vida rutinaria buscamos seguir siempre el mismo camino pre armado y pre estructurado, si concretamos una salida con amigos, solemos ir a un lugar conocido, evitamos aquellos sitios donde pueda haber personas que no conozcamos, o comemos constantemente las mismas comidas, el mismo menú semanal, cada siete días, por miedo a tener que probar algo que no nos guste. Esos son varios ejemplos de como nos creamos una vida rutinaria. Como nos creamos nuestra propia jaula.

Generalmente vida rutinaria y sedentarismo van de la mano pero no necesariamente.

Al aceptar una vida rutinaria buscamos básicamente evitarnos sorpresas, vivir mas cómodamente y en este sentido respondemos a nuestros miedos, y nos dejamos guiar por ellos.

Pero no nos damos cuenta que justamente son las cosas nuevas las que nos hacen crecer como personas, desarrollarnos, intelectual, emocional y socialmente. Son los nuevos desafíos y las nuevas aventuras lo que nos exige a hacer uso de nuestro habilidades, de nuestras experiencias previas y de nuestra inteligencia. Básicamente son las cosas nuevas las que nos mantienen vivos. En pocas palabras lo que intento decir es que es muy importante hacer un esfuerzo por escaparle a la rutina. El solo hecho de intentarlo demuestra que aun nuestra voluntad no fue derrotada por las fuerzas del sopor.  

Como decía antes nos hemos vuelto unos cobardes, que dejamos de hacer cosas por el riesgo que esas cosas conllevan, porque nos dejamos gobernar por el miedo último que es el miedo a perder la vida.

Pero, ¿cómo escapamos de la rutina? ¿O cómo salimos de esas estructuras mentales que nosotros mismos nos formamos?

La respuesta es simple, forzándonos a cambiar. A aceptar nuevas cosas, nuevos desafíos.

La mejor forma de escapar de la rutina es sin lugar a dudas viajando. Los mayores cambios son los que nos hacen salir mas fácilmente de la rutina, aquellos que nos ponen en puntas de pies, que nos hacen levantar los oídos, y abrir bien los ojos. El mejor ejemplo es viajar, cambiar de trabajo, de pareja, de vivienda. Pero admito que el viajar es un lujo que no todos pueden darse, ya sea por cuestiones monetarias, sociales u otras, pero para aquellos que pueden darse el lujo de viajar y no lo hacen, en mi humilde opinión eso es un pecado.

También se puede escapar de la rutina en los actos mas pequeños y cotidianos. Por ejemplo cambiar la rutina puede consistir en salir a lugares nuevos, con nuevos amigos/ as. Probar platos diferentes, empezar a hacer cosas con la mano menos hábil, practicar sexo en una nueva posición, cambiar el camino que tomamos todos los días al trabajo, etc, etc. Las posibilidades son infinitas, lo que importa es mantener constantemente el cerebro despierto y atento, forzándolo a no estancarse, no dejarse estar.

Uno nunca debe sentirse cómodo. Sentirse realizado completo, es sinónimo de quietud, del “ya está”. La vida debe ser un constante desafío, una vida sin desafíos, sin exigencias, una vida rutinaria y eso para mí es igual a la muerte.

¿Se acuerdan cuando fueron a un zoológico? Esos bichos que no tienen preocupación alguna, tienen un techo, comida y están salvados de ser morfados por un depredador mas grande que ellos, uno diría: “es la vida perfecta, ¿no? No les falta nada, y no tienen preocupación. Sin embargo están hastiados y se les ve en los ojos, se nota a kilómetros que no están contentos, que prefieren estar en la selva, o en la sábana o en donde sea, pero donde puedan vivir su vida, pasar hambre y frío pero ser libres. No me puedo sacar de la cabeza la imagen del oso polar en el zoo de Buenos Aires, o el tigre de Bengala en otro lugar, desesperados caminando de una punta a la otra de la jaula, como queriendo gastar sus energías, desesperados por salir de esa jaula y correr y correr. Enfrentar a la vida, a la muerte, rebuscárselas todos los días para comer y tener donde dormir, sin saber que mierda van a encontrar a la vuelta de la esquina. De eso se trata vivir, ¿no?

En el mundo moderno nosotros construimos nuestra propia jaula, nos encerramos en paredes de rutinas, convenciones sociales y comportamientos aprendidos y repetidos sin pensar. Evitamos a toda costa encarar nuevos horizontes, plantearnos nuevos desafíos, exigirnos a nosotros mismos. Buscamos simplemente llegar a un estado óptimo de comodidad, que requiera de nosotros el menor esfuerzo posible, y que nos garantice una vida larga y tranquila. Como si el éxito de una vida se midiese por la cantidad de horas que uno vive, y no por la calidad de esas horas vividas. Para resumirlo con una frase trillada “La vida no se mide por la cantidad de respiros, sino por los momentos que te quitan el aliento”.

En concreto, no creo que tener garantizado, el techo, la comida y la vida hasta que se nos caigan los dientes pueda llamarse vida. Una existencia sin sobresaltos, sin exigencias es lo mismo que vivir encerrados en una jaula. Con toda la seguridad, la tranquilidad y la comodidad que eso nos pueda llegar a traer. 

Si todavía no se cansaron de leer, recomiendo que lean el post "Sobre el miedo y los viajes".

Saturday, April 13, 2013

Un mes después


Hace ya un mes desde que nuevamente deje la ciudad la furia y ha pasado mucha agua por debajo del puente.

Antes que nada sepan disculpar la demora y lo largo del blog.

Empecemos por el principio. 

Viajar, no es sólo conocer un país diferente, ver monumentos y sitios históricos o dejarse perder por caminos inexplorados. También se trata sobre salir de tu círculo de gente conocida (¡NO ESTOY DICIENDO QUE TENGA NADA DE MALO!!!), conocer nuevas personas, nuevas formas de relacionarse, de encarar las cosas, básicamente gente que nos pueda llegar a enseñar algo nuevo. Entiendan que viniendo de una persona bastante “antisocial” y solitaria, que no se siente cómoda en un boliche, y que no tiene problema en ir solo al cine, a la playa, o salir a caminar acompañado solo por el reflejo de la luna, llegar a esto es todo un hito. Pero sí, hacer nuevos amigos, es parte importante del viajar.  Quizás una de las mas importantes. Los amigos que uno hace viajando son amigos de por vida, porque se comparten experiencias únicas y el vínculo se hace fuerte ante las dificultadas inherentes que tiene el viajar. También la gente que conocemos cuando viajamos nos ayuda a descubrir un mundo nuevo.

Llegué a Sydney después de 16 largas horas de viaje y como viviendo en un deja vu trate de recordar como moverme por las calles de Sydney para encontrar el bendito hostel que había reservado unos días antes por Internet, el hostel mas barato que la red de redes me permitió ubicar desde la distancia. La memoria me fallo y los sentidos me traicionaron y me costó encontrar el edificio que contenía el cuarto con ocho camas y que albergaría mi cuerpo cansado entre las calles de esta hermosa ciudad y su no menos impresionante bahía. Y caminar sin rumbo con una mochila de 25 kilos en los hombros no es la fantasía de nadie.  

Lamentablemente la mayoría de los hostels en Sydney parecen inspirados en el cubismo norcoreano. Grandes edificios, con cientos de cuartos, y en cada cuarto todas las camas que se puedan apilar. El resultado una institución completamente despersonalizada y antisocial, nadie conoce a nadie. Personalmente prefiero versiones mas chicas, así que cuando me dijeron que la mañana siguiente tenía que dejar el hostel, por falta de lugar, no me disgusto demasiado la noticia. Aproveché para darle una nueva oportunidad a Couchsurfing. Para los que no lo conocen Couchsurf es una red social que ayuda a acercar a individuos dispuestos a compartir su casa, y mostrarle la ciudad a perfectos desconocidos, y visitantes de otros países / regiones buscando un techo donde quedarse y porque no, un nuevo amigo.

A través de la página, y un poco de forma urgente ya que tenía que conseguir donde quedarme la noche siguiente, me puse en contacto con un tipo que me pidió encontrarnos en la ciudad para conocernos, antes de dejarme entrar en su casa.
Así es como conocí a Rowen, australiano cincuentaynueveañero, de cara simpática  y medio regordete, aeromozo / oficial de a bordo o como quieran llamarlo, retirado de Qantas. Y algo más, gay. Me contó un poco lo que hacía, y aprovecho para  presentarme a otro couchsurfer que se estaba quedando con él hacía ya mas de un mes, Dudley. Un inglés que versa los dieciocho inviernos, que como muchos de sus compatriotas escapaba de una vida dificil en la madre Inglaterra, hacia un lugar mas caluroso y acogedor que las frías y húmedas calles de Southampton. Heterosexual. Parece haber vivido mas de una vida, lleva su pelo rubio largo, y una extraña barba tipo vikinga, juega el papel de tipo rudo y curtido de los barrios bajos southhampeteros???. Juntos parecen una dupla salida de una película de Alex de la Iglesia. Una dupla dinamitera.

Decir que la futura convivencia con estos raros ejemplares de la viña del señor me causaba preocupación es quedarse corto.  Pero la necesidad de tener un techo y un sillón donde dormir, y el deseo de escaparle a la futura alienización a través de los hostel, pudo mas que mi miedo a ser sodomizado.

Al llegar a la casa, el panorama no fue mas alentador. Nos recibió alegre una mezcla de lassie con pequinés, Gidget, en un comedor rodeado por peceras y cachivaches por todos lados. Miedo.

Además del sillón prometido, Rowen no tenía problemas en darnos de comer y si necesitaba ayuda, de proveernos de trabajo, limpiando los deptos que alquilaba.

Rowen, Gidget, Agus y Dudley (con el pelo corto)
Los primeros días pasaron sin pena ni gloria, y la convivencia fue muy buena. Rowen y Dudley aprovechaban los fines de semana para salir en el auto básicamente a cartonear. La gente de Sydney deja en la calle las cosas que ya no usa, desde viejas escobas a televisores plasma que no andan, y ellos aprovechaban la generosidad de sus vecinos, para acumular mas y mas cachivaches en la casa, pronto me di cuenta que esto era una suerte de adicción. Pero también advertí que nadie planeaba adormecerme con un algodón mojado en éter y hacerme su gimp. Fue entonces cuando empecé a disfrutar y a valorar la compañía de esta gran persona y su secuaz. Rowen no tiene problema alguno en dejar entrar a su casa a mochileros de todo el mundo. Realmente un gran tipo, abierto, sincero y sencillo.

En un principio el plan era quedarme en la casa de Rowen dos o tres días que terminaron convirtiéndose en mas de diez. Aproveché esta gran ayuda que me brindo mi nuevo amigo, para dedicarme a la búsqueda laboral.

Dejé la comodidad del hogar pasajero detrás de un supuesto laburo permanente que no resultó ser tan así, pero que me obligó a mudarme al norte de la ciudad, al equivalente al Tigre de Sydney, que es Avalon, donde estoy ahora, nuevamente en la búsqueda de un trabajo permanente, y donde por el momento me mantengo haciendo changas, surfeando y mejorando mi castellano.

También pude compartir con mi hermano de viajes y su novia un par de días que nos sirvieron para ponernos al tanto, y desearnos la mejor de las suertes en el viaje que cada uno emprende por diferentes caminos.


Lo bueno de Australia es que dos días de trabajo son mas que suficientes para pagar mi alojamiento y comida, así que ando sin demasiado apuro. 

Esperando que poco a poco pasen los días para la llegada de mi gordita, Mai que cada día que pasa falta menos para que se sume a este nuevo viaje.


Hasta ahí las novedades. Prometo mantenerlos al tanto. 


Tuesday, February 12, 2013


Como ocasionado por un extraño signo del horóscopo o quizás relacionado con el poder gravitatorio de un astro desconocido, el primer domingo de cada mes, y la primera noche de luna llena por las callecitas de Buenos Aires se da un hecho inédito e inexplicable.
Una víbora inmensa sin cabeza, ni cola, serpentea interminable por los barrios porteños anárquica y sin sentido aparente.
Su cuerpo está compuesto por escamas por miles de colores, de diferentes edades, lugares y orígenes sociales, su forma va cambiando para adaptarse al camino por el que circula. A veces es gruesa como una avenida y larga como una cancha de fútbol, otras no es más ancha que una callecita normal, aunque larga como un tren de carga. Pero para la gran mayoría de testigos que la han visto pasar su volumen es indescifrable e inabarcable. Nadie sabe cuantas cuadras ocupa, donde empieza ni donde termina, pero todos reconocen que es gigantesca y a su vez impresionante.
Circula por las calles derrochando “buena onda”, alegría y en plena paz. Recorre a paso lento pero incansable, como si de pasear se tratase, los diferentes barrios de la ciudad, sin rumbo definido y con final desconocido. Solo se sabe que el origen de tan mágica aparición es el gran Obelisco porteño.
Aquellos transeúntes que la ven pasar por primera vez quedan atónitos ante semejante imagen: “¿qué significa esto?, ¿por qué está acá? ¿cómo llegó y a dónde va? Y no pocos preguntan,  ¿cómo formo parte de ella?”.
En su vientre están las esperanzas de todos los que sueñan con una ciudad distinta, quizás hasta con un mundo mejor. Lleva niños y gente mayor, jóvenes y no tan jóvenes y gente de todos los sexos. No hay ricos, ni pobres; no se trata de una tribu urbana, o de un partido político. Todos viajan mezclados en su estómago sin ningún sentido ni orden y es imposible distinguir el uno del otro. Todos tienen algo en común: fluyen por las calles y avenidas montados sobre bicicletas, tablas de skate, patines y otros medios con el denominador común que no usan mas fuerza que la fuerza de sus piernas y el calor de la sangre de su dueño. 
Todos comparten un sueño, ese sueño es que algún día todos usemos un medio de transporte mas sencillo, menos contaminante, menos violento y mas amigable, y que así construyamos de a poco un mundo mejor. 

Todo fluye. Todos somos MASA CRITICA.
Agus Claret

Friday, July 13, 2012

SOBRE EL MIEDO Y LOS VIAJES

Los manuales de exorcismo, entre otras cosas, establecen que uno de los primeros pasos para iniciar un exorcismo, y llevarlo a cabo con éxito, es averiguar y conocer el vero nombre del demonio a exorcizar. Es importante saber el nombre, para saber a que nos enfrentamos.

El miedo.

Y sobre miedos y males gira esta entrada.

El miedo al otro, miedo a quedarnos solos, miedo a que nos roben, miedo a pasar hambre, miedo a pasar vergüenza, miedo a no tener trabajo, a no tener que comer, miedo a que nos discriminen, miedo a que nos violenten, miedo a ser pobre, miedo, miedo y mas miedo. En especial creo que el miedo al otro, al que no conozco, ese el origen del mal. Desde chiquitos nos machacan con el leit motiv favorito de todos los padres: "no hables con extraños", nos enseñan de muy chicos a temerle al otro, a desconfiar de el. No conocemos al otro, que es lo que quiere, pero tampoco nos animamos a sociabilizar con el a hablar con extraños y conocer que los motiva. Si lo hiciéramos descubriríamos que no quieren algo muy diferente a lo que nosotros queremos, vivir en paz y ser felices. No hay necesidad de molestar al otro, pero como desconfiamos, no sociabilizamos y suponemos lo peor del otro, tomamos medidas preventivas para protegernos del otro, levantamos paredes y barreras, creamos un escudo defensivo sin darnos cuenta que eso eso a su vez hace que el otro desconfié de nosotros y asi se forma una bola de miedo de desconfianza mutua. Esto se ve mas que nada en las ciudades modernas. Desconfiamos de todo y de todos. No confiamos mas que en nuestros familiares mas cercanos y amigos.

El hombre es un animal de costumbre. Nos gusta imponernos hábitos, horarios y usos. Nos gusta ir a dormir a la misma hora, comer a la misma hora y salir a trabajar a la misma hora. Salir de la rutina nos asusta y es algo que evitamos a toda costa, pareciera como si todo lo nuevo, lo desconocido, fuera necesariamente malo. Nos cuesta incorporar nuevas formas de ver las cosas, aceptar un razonamiento diferente al nuestro, y reconocer que puede haber otras formas de ver las cosas, todo eso nos genera inseguridad. Con el tiempo la rutina le va ganando espacio a lo desconocido. Cada vez que nos imponemos nuevas normas, nuevas conductas nos achanchamos un poco mas y cada vez cuesta mas salir de la cotidianeidad.

Pero en última instancia pareciera que le tenemos miedo a una sola cosa de donde se desprenden todos los demás miedos, le tememos profundamente a la muerte, pero no a la muerte en si, sino que la muerte es un portal hacia algo mas temeroso y y peligroso: lo desconocido. Es imposible saber que hay mas allá de la muerte y si es algo bueno o malo y por eso le tememos tanto, básicamente porque no sabemos que es lo que hay mas allá. Por ende en esencia ese es nuestro mayor miedo, lo desconocido. El mayor miedo del ser humano es eso, la incertidumbre, la incertidumbre mas básica de no saber que es lo que sucederá después. Vivimos corriendo de la muerte, mejor dicho de lo desconocido, tratando de escapar de sus garras, cuando en realidad la carrera ya está definida. Todos vamos hacia el mismo lado, no hay forma de escapar. Y así es como vivimos escapándole a esa situación, vivimos creándonos rutinas, le escapamos a cualquier circunstancia que nos ponga en el camino de la incertidumbre, pero justamente es cuando decidimos aceptar la incertidumbre como algo natural cuando realmente descubrimos el mundo, cuando aceptemos que es imposible conocerlo todo, empezamos a conocer.

Parece ser que todo se reduce nuevamente al miedo. Somos animales de costumbre, inclusive cuando decidimos salir de viaje muchas veces lo hacemos en forma controlada, con una agenda, tiempos, y un grupo establecido. Es poca la gente que realmente se anima a viajar y a abrir realmente su cabeza a cosas nuevas. Por un lado queremos conocer cosas nuevas, pero no demasiado diferentes, no vaya a ser que nos sacudan demasiado las ideas y nos pongan a pensar de verdad. Mejor hacerlo con un grupo de gente conocida, a lugares no tan diferentes y no por mucho tiempo. Como le tememos a la incertidumbre y a lo que el otro nos pueda llegar a hacer, a lo que provoque en nosotros; miedo a nuevos lugares. Caminamos una y otra vez por los mismos caminos de siempre yendo a casa o al trabajo, nos cuesta animarnos a conocer algo nuevo. Viajar es un poco eso, enfrentar al miedo. Salir de la rutina, conocer personas diferentes, con otros hábitos y otras costumbres, otros horizontes, nuevos caminos. Eso es abrir la cabeza, mirar otras formas de hacer las cosas, aceptar que a pesar de que compartimos muchos miedos, fantasías y anhelos, en cierta forma cada persona es un mundo en si mismo, y eso nos aterroriza. Viajar es aceptar esa diversidad, aceptar lo desconocido tal cual es, y aprender de eso, sin juzgarlo. Viajar es empezar a vivir sin miedo.

















Tuesday, August 10, 2010

Los boletos capicúas ya no son lo que eran antes

Pasó mucho tiempo desde la última vez que postee algo. Se hace difícil postear algo interesante en una vida sin viajes y sin nuevas experiencias. Cuesta acostumbrarse al hecho de no viajar. Y uno tiene que hacer un esfuerzo diario por encontrar nuevas experiencias en las actividades cotidianas por mas rutinarios que sean, o en su defecto hacer cambios drásticos en la vida propia. Para cumplir con el último precepto fue que en parte decidí mudarme. También porque el hecho de tener un depto propio y porque todo lo que implica me sirve como un ancla para no escaparme en el primer Bondi que me lleve de vuelta a la ruta, pero esa es otra historia.

Con respecto a la primer forma de escape creo que lo que me conformaba al menos un poco era mi relación con los boletos de colectivo. Para los que hemos viajado en Bondi antes de la aparición de las expendedoras automáticas creo que sabemos lo especial que era conseguir un boleto capicúa. Al menos así lo era para mí.

Desde que volví; fecha que tomó casi como un antes y después de Cristo, antes del viaje (AV), después del viaje (DV), me sorprendía muchísimo lo cerca que estaba cada vez que viajaba en colectivo de conseguir un boleto capicúa, hecho que en mi pequeña fantasía bordeaba el milagro, o creía que la famosa maquinola intentaba darme un mensaje desde el mas allá, o que era una suerte de guía. Muchas veces, habiendo conseguido el número 4552 estuve a punto de acercarme a la segunda persona que subía detrás mío para indicarle que había conseguido un boleto que se podía leer en los dos sentidos, y que si no quería ir a tomar algo. Inclusive en menos de un año conseguí al menos 2 boletos capicúas, y muchos boletos en el poste. Para los que no me conocen tengo cierta manía Madonniana con el tema de los números y no por nada tengo un 77 en la espalda. Recibir un boleto de parte del pseudo robot futurístico del Bondi en cuestión, que tuviera el mismo orden de números si se leyera de izquierda a derecha, como si se leyera de derecha a izquierda realmente me ponía por al menos un par de minutos en una suerte de limbo emocional y me sacaba de la rutina. Era un hecho original en sí mismo, era mi oasis en este desierto carente de nuevas experiencias.

Pero ayer me di cuenta que ese oasis no es mas que un puto espejismo. Analizando un poco mi aparente fortuna numerológica comencé a darme cuenta que todos los boletos en el DV nunca pasan de los 3 dígitos. Es decir que la posibilidad de obtener un boleto capicúa siempre es 1 de 10. Por ejemplo en la decena del 110, hay un número capicúa el 111, lo mismo en la decena del 120, el 121, y así hasta llegar al 1000, con cuatro dígitos la cosa se complica un poco más, pero en el DV los boletos rara vez llegan a los 4 dígitos. Ósea mi buena fortuna no era tal, no existe el oasis.
Por lo tanto estoy acá revelando un complot internacional en contra de la buena fortuna. Aparentemente un asesino en la nómina de algún conglomerado destinado a demostrar que el destino no existe, se ocupa de asesinar al bienamado robot que vive en el colestrivo todas las noches para que nunca pase de los 4 dígitos, aniquilando así la posibilidad conseguir un boleto verdaderamente capicúa.

Claramente otra razón que me lleva a decir que la vida sedentaria bordea la tortura medieval, y la falta de momentos únicos es lo que nos hace envejecer.

Así que acá estoy de vuelta en la calle tratando de encontrarle lo maravilloso al hecho mas trivial. Si alguien sabe como hacerlo soy todo oídos.

Hasta entonces.